Soy neurocirujano con más de 30 años de experiencia en el diagnóstico y tratamiento de patologías del sistema nervioso central y periférico. Esta consulta está orientada a ofrecer atención especializada, rigurosa y cercana en casos de:
- Hernias discales y estenosis de canal
- Tumores cerebrales y medulares
- Trastornos vasculares (aneurismas, malformaciones)
- Neuralgias, radiculopatías y compresiones nerviosas
- Traumatismos craneoencefálicos y medulares
Trabajo con un enfoque clínico sólido, apoyado en la evidencia y con criterios quirúrgicos claros: intervenir solo cuando es necesario, y hacerlo con precisión.
📍Dónde estoy
Actualmente paso consulta en distintos centros hospitalarios y también atiendo casos complejos en colaboración con otros especialistas.
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En la era del sistema
No opero dentro de un sistema.
Opero entendiendo que el sistema existe.
La neurocirugía ha dejado de ser un acto aislado. Ya no se define solo por la precisión del gesto, sino por el entorno que lo rodea: tecnología, materiales, datos, protocolos. Ignorar esto es quedar fuera de la realidad. Someterse a ello, perder la esencia.
No rechazo la innovación. La utilizo.
Pero no permito que defina mi criterio.
Cada herramienta que entra en mi quirófano tiene que justificar su presencia. No por su novedad, ni por su adopción generalizada, sino por su capacidad real de mejorar un problema concreto en un paciente concreto. La tecnología es útil cuando amplifica la decisión; es peligrosa cuando la sustituye.
No sigo protocolos sin entenderlos.
Y no los rechazo sin evaluarlos.
El estándar no es lo que más se usa, sino lo que mejor funciona. Y eso no siempre coincide.
Mi responsabilidad no es solo operar bien. Es decidir bien.
Y esa decisión no puede delegarse.
Mantengo la capacidad de operar sin asistencia, porque solo así puedo elegir cuándo usarla. La dependencia no aparece cuando utilizas tecnología, sino cuando dejas de poder prescindir de ella.
No me interesa incorporar todo lo nuevo.
Me interesa conservar lo que funciona.
El progreso no consiste en añadir, sino en filtrar.
Cada incorporación tiene un coste: económico, técnico y, sobre todo, conceptual.
La industria desarrolla soluciones.
Yo decido cuáles forman parte de mi práctica.
No soy un usuario final.
Soy un punto de control.
Mi valor no está en adaptarme al sistema, sino en entenderlo lo suficiente como para no ser absorbido por él. Porque la neurocirugía del futuro no se definirá solo por la tecnología disponible, sino por quién mantiene la capacidad de decidir dentro de ella.
Y mientras esa decisión siga siendo mía,
la cirugía seguirá siendo un acto clínico… y no un proceso industrial.